martes, 30 de enero de 2007

Corre Ana, corre.

La parte del sueño que recuerdo comienza cuando me enteraba de que me quedaba sin trabajo en la compañía de seguros. Y quedaba como quien dice “en bolas”. Literalmente en bolas. Empecé a correr desnuda por las calles de la ciudad, tratando de llegar a la empresa. Era una tarea muy difícil, sentía que nunca llegaba. Corría, intentando que en el camino nadie me viese así.
Desesperada ingresé en una casa, como si me escondiera de alguien. Dentro, estaba una señora mayor, de unos 65 años, que apenas me vio y sin decirme ni una sola palabra, extendió su mano y me dio un viejo batón para que me pusiera. La prenda estaba ajada, un poco transparente de tanto uso, era de una tela un poco áspera, pero servía para cubrirme y seguir camino. Antes de irme, la señora me sirvió un té que tomé de pie. Me fui, corriendo.
Seguía corriendo. Iba atravesando calles y para acortar el camino cruzaba a través de las casas. Nunca estuve tan lejos de mi lugar de trabajo. Ingresé a la empresa. En lugar del tradicional edificio al que estamos acostumbrados a ver todos los días, había un fastuoso edificio lleno de locales comerciales, pequeños puestos de venta iluminados, con buena arquitectura, como si fuera un shopping. Preguntaba donde estaba mi escritorio, nadie sabía decirme. Me explicaban que en los pisos de arriba quedaban algunos puestos de trabajo, que fuera a corroborar si encontraba el mío. De esa forma deambulé por varios pisos. En el camino hablaba con algunos conocidos y ninguno sabía decirme que estaba pasando.
Salí. Intenté ingresar nuevamente por la playa de estacionamiento que da a la calle de atrás. Mientras le daba la vuelta a la cuadra observé que un hombre apuntaba a otro desde un edificio vecino a la empresa. No me veían. El hombre con el arma disparó, la víctima cayó y yo grité. El hombre se dio cuenta de que lo había visto y bajó desesperado como si viniera a buscarme. Me metí en el estacionamiento. Estaba asustada, agitada. Todo era diferente, el escenario y los personajes también ahí habían cambiado. Temblaba. Desperté.